Resumen
¿Cómo ocasiona el VIH la enfermedad?
Hoy en día, los científicos comprenden que el VIH se reproduce
continuamente en el cuerpo desde el primer día de infección.
Una persona VIH positiva produce cada día alrededor de 10 miles de
millones de nuevas partículas del VIH, y produce y destruye aproximadamente
2 miles de millones de linfocitos inmunitarios (CD4) que luchan contra el
virus.
El sistema inmunitario ataca el VIH al poco tiempo de la infección inicial, y al principio logra eliminar cada 24 horas una gran cantidad de virus del cuerpo. Sin embargo, por cada partícula viral eliminada, se produce por lo menos una nueva. Esta vigorosa reacción defensiva de parte del cuerpo crea un equilibrio temporal entre las células inmunitarias y el virus que puede durar de meses a años. Durante este periodo, la persona infectada no muestra señales aparentes de enfermedad. Con el paso de tiempo, sin embargo, el virus logra superarse, y la cantidad de partículas virales en la sangre (carga viral) aumenta, mientras que el número de linfocitos CD4 decae.
El sistema inmunitario no puede funcionar correctamente cuando está bajo constante ataque por el VIH. Al final, el virus desborda las defensas corporales, las cuales ya no pueden luchar contra la enfermedad. Cuando esto sucede, la persona casi siempre desarrolla enfermedades potencialmente mortales.
Abreviaciones de las clases de fármacos
AN: análogo nucléosido inhibidor de la transcriptasa inversa
INNTI: inhibidor no nucleósido de la transcriptasa inversa
IP: inhibidor de proteasa
El tratamiento anti-retroviral sumamente activo (TARSA)
Los avances recientes en el campo del tratamiento de combinación
ofrecen nuevas esperanzas a las personas VIH positivas. El tratamiento con
regímenes de 3 fármacos ha producido mejoras clínicas,
mayor tiempo de supervivencia y ha mejorado la calidad de vida de muchas
personas. Estas potentes combinaciones anti-VIH se conocen como el tratamiento
anti-retroviral sumamente activo, o TARSA. Un ejemplo de los regímenes
TARSA incluye 1 inhibidor de proteasa de la sección A más
2 análogos nucleósidos de la sección B (consulte el
cuadro).
Ritonavir más saquinavir es también una potente combinación cuando se combina con 1 ó 2 análogos nucleósidos. La combinación de indinavir más efavirenz, un inhibidor no nucléosido de la transcriptasa inversa o INNTI, también ha suprimido la replicación del VIH en las personas que nunca han tomado un inhibidor de proteasa.
Sección A Sección B
indinavir (Crixivan) AZT/ddI
nelfinavir (Viracept) d4T/ddI
ritonavir (Norvir) AZT/ddC
saquinavir (Fortovase) AZT/3TC
ritonavir/saquinavir d4T/3TC
Además, otras combinaciones de 3 y 4 fármacos son capaces de suprimir el VIH a niveles muy bajos por periodos de tiempo sustanciales. Por ejemplo, el INNTI nevirapina puede ser añadido al régimen o sustituir el inhibidor de proteasa en una combinación con 2 análogos nucleósidos. Algunos médicos recomiendan el empleo de ddI más hidroxiurea, un fármaco anti-cáncer, en combinación con un inhibidor de proteasa y un análogo nucleósido adicional.
Cuando se inicia un tratamiento anti-VIH, se deben tomar todos los fármacos al mismo tiempo y a sus dosis completas, con la excepción de ritonavir y nevirapina (consulte nuestras hojas de información sobre estos fármacos en específico).
¿Quién se beneficia de TARSA?
Las personas pueden experimentar 4 etapas de la enfermedad por el VIH: la
exposición inicial al virus, la infección aguda, infección
establecida (crónica) y la enfermedad avanzada. TARSA puede resultar
beneficiosa contra las 4 etapas.
La exposición inicial al VIH se refiere al periodo inmediatamente posterior a la transmisión del virus. El tratamiento preventivo con TARSA constituye la prevención post-exposición (PEP), el cual dura 4 semanas y es iniciado en las primeras 72 horas que siguen a la exposición al VIH. La PEP podría erradicar el virus.
A los 3-5 días de la exposición inicial, la persona entra en la etapa de infección aguda, a veces caracterizada por síntomas parecidos a la gripe. En las 6-12 semanas que siguen a la exposición inicial, se considera que la persona padece la infección por el VIH establecida (crónica), la cual incluye la infección asintomática (sin síntomas de enfermedad) y la enfermedad sintomática (acompañada de síntomas, tales como desgaste, afta oral, fiebres inexplicables o una enfermedad oportunista como la neumonía por la PCP). En general las personas que se encuentran en la etapa temprana de la enfermedad por VIH son los que más se benefician de los efectos de TARSA.
No existen datos que apoyen el tratamiento temprano de la etapa asintomática, pero muchos expertos creen que es beneficioso iniciar TARSA en cuanto antes. Los resultados de la prueba de carga viral del VIH deben ayudar a guiar las decisiones sobre el tratamiento durante esta etapa. Se recomienda el inicio del tratamiento para todas las personas que experimentan o experimentaron la infección sintomática, sin importar su nivel de carga viral o número CD4.
La enfermedad VIH avanzada se refiere a cualquier afección que cumple con la definición del SIDA publicada en 1993 por los CDC (por ejemplo, un diagnóstico de neumonía por Pneumocystis carinii, o del sarcoma de Kaposi). El tratamiento con TARSA ha beneficiado a muchas personas con la enfermedad avanzada.
En general, las personas que se encuentran en la etapa temprana de la enfermedad por VIH son las que más se benefician de los efectos de TARSA, especialmente aquellas que nunca han tomando un medicamento anti-VIH. Las personas con el SIDA avanzado y aquellas que ya han tomado los fármacos anti-VIH por años experimentan por lo general menos beneficio a largo plazo del empleo de TARSA. Además, hay quienes no pueden tolerar los efectos secundarios de los inhibidores de proteasa, o quienes, por razones que no se comprenden por completo, no se benefician de TARSA.
¿Es posible erradicar el VIH?
Es extremadamente improbable que con los fármacos actualmente disponibles,
nos resulte posible erradicar el VIH de todas las células del cuerpo.
En el presente, la mayor posibilidad de erradicar el VIH se da en el caso
de la prevención post-exposición, que consiste en el inicio
del tratamiento en las primeras 72 horas que siguen a la exposición
al VIH con un potente régimen de fármacos. La PEP está
basada en la probabilidad que durante esta etapa temprana, el virus no logra
invadir los nódulos linfáticos y otros tejidos, lo cual facilita
su erradicación.
Actualmente, las personas con la enfermedad VIH establecida probablemente tendrán que tomar el tratamiento anti-VIH por el resto de sus vidas. Aunque es posible que nunca puedan beneficiarse de la erradicación completa, al menos podrán controlar la replicación del VIH e incluso restaurar sus funciones inmunitarias dañadas.
Los fármacos inhibidores de proteasa del VIH
Los inhibidores de proteasa del VIH, ampliamente empleados desde 1996 en
combinación con los análogos nucleósidos, han aumentado
el tiempo de supervivencia y mejorado la calidad de vida de muchas personas
con SIDA. Los inhibidores de proteasa actualmente disponibles son saquinavir
(Invirase y Fortovase), indinavir (Crixivan), ritonavir (Norvir) y nelfinavir
(Viracept).
Los inhibidores de proteasa interfieren con la enzima proteasa del VIH, una proteína necesaria para la reproducción del virus. Los inhibidores de proteasa impiden que el VIH produzca nuevas copias de sí mismo capaces de infectar otras células. Los inhibidores de proteasa no son una cura para la enfermedad VIH. Tampoco son fármacos perfectos. Su importancia en el arsenal anti-VIH es su capacidad para ayudar al sistema inmunitario a luchar contra el VIH y las enfermedades ocasionadas por este.
Todos los inhibidores de proteasa pueden causar molestias gastrointestinales, tales como náusea, dolor de estómago y diarrea. Se han reportado casos aislados de una variedad de síntomas que pueden ser o no ser el resultado del tratamiento anti-VIH, como una redistribución anormal de la grasa corporal (por ejemplo, obesidad en el tronco) y una deterioración de los músculos en los brazos y las piernas.
Los inhibidores de proteasa también pueden ocasionar resultados anormales en las pruebas de laboratorio, como elevaciones del nivel de triglicéridos (grasas), del colesterol y de la glucosa (azúcar en la sangre). La FDA ha publicado una alerta sobre una posible conexión entre la diabetes y el uso de los inhibidores de proteasa. Consulte nuestra hoja de información sobre los inhibidores de proteasa y sus efectos secundarios más comunes.
A pesar de sus limitaciones, los inhibidores de proteasa son fármacos anti-VIH poderosos, aunque si son empleados por sí solos pierden rápidamente su capacidad para suprimir la replicación del VIH. Afortunadamente, la supresión eficaz y duradera del VIH se produce al combinar los inhibidores de proteasa con otras clases de fármacos anti-VIH como los análogos nucleósidos (AZT, 3TC,ddI, ddC y d4T) y los fármacos INNTI (nevirapina, delavirdina y efavirenz).
Cuando se emplean como tratamiento inicial junto con los análogos nucleósidos, ciertas combinaciones dobles de los inhibidores de proteasa también logran suprimir la replicación del VIH. Las combinaciones dobles de inhibidores de proteasa actualmente bajo estudio incluyen ritonavir/saquinavir, nelfinavir/saquinavir, nelfinavir/indinavir, y combinaciones que contienen el inhibidor de proteasa experimental 141. Efavirenz/indinavir también parece ser una potente combinación anti-VIH.
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