La disponibilidad de potentes tratamientos anti-retrovirales y profilácticos contra las enfermedades oportunistas relacionadas con el SIDA está ocasionado cambios alentadores en las vidas de las personas VIH positivas, cambios que incluyen reducciones de sus cargas virales e incrementos de sus números CD4, más tiempo de sobrevivencia y menor progresión a un diagnóstico del SIDA. Sin embargo, además de mejorar la calidad de vida de muchas personas VIH positivas, los avances clínicos recientes también han ocasionado nuevas preocupaciones relacionadas con la enfermedad VIH a largo plazo. A medida que las personas VIH positivas vivan por más tiempo, podrían correr un mayor riesgo de padecer enfermedades que se desarrollan lentamente, como el cáncer.
Los mecanismos implicados en el desarrollo de los cánceres y de otras enfermedades malignas en las personas VIH positivas son complejos, con varios factores y poco comprendidos. Por ahora, se sabe que existen 3 factores que influyen el desarrollo de la malignización de enfermedades en las personas VIH positivas:
1. la supresión o ausencia del control inmunológico protector que detecta reproducciones anormales celulares;
2. la interrupción del equilibrio normal entre la proliferación (crecimiento) celular y la diferenciación (la especialización de las funciones celulares que ocurre después de cierto número de divisiones celulares);
3. la presencia de un estado de activación inmunológica crónica debida a antígenos (partículas extrañas o dañinas), incluyendo virus como el papilomavirus humano (PVH), la cual causa las verrugas genitales, y el virus del Epstein Barr (VEB), la causa de la mononucleosis.
La neoplasia anal: Trasfondo
Los cáncers anogenitales, y su condición precursora, la neoplasia,
son afecciones graves malignas relacionadas con el VIH. Las otras 2 afecciones
cancerosas asociadas con un estado de supresión inmunológica
son los línfomas (cambios malignos que se desarrollan en los tejidos
linfáticos) y el sarcoma de Kaposi.
Este artículo se enfoca en la lesión escamosa intraepitelial anal (LEIA), un tipo de neoplasia anogenital que afecta los hombres y las mujeres con el VIH. Otras afecciones neoplásicas incluyen la neoplasia uterina, vulvar, vaginal y del pene. Con excepción de la lesión escamosa intraepitelial uterina (LEIU), estas neoplasias son menos comunes que la LEIA.
Se consideran a la infección por el PVH y el inmunocompromiso relacionado con el VIH como factores de riesgo para todas las neoplasias anogenitales. Un examen físico de una persona VIH positiva debe incluir la inspección completa del área anogenital para detectar síntomas de la infección PVH, incluyendo la inspección del pene o el útero, vulva, vagina, y el área perianal. Puesto que la infección anal por el PVH y la LEIA son detectadas con frecuencia en ambos géneros, todas las personas VIH positivas, particularmente aquellas con antecedentes del sexo anal receptivo, deben informarse sobre las neoplasias y buscar, cuando sea posible, evaluaciones médicas adicionales.
Quizás la neoplasia más común y entendida fisiológicamente es la neoplasia LEIU, precusora de cáncer uterino en las mujeres. El modelo clínico de la enfermedad LEIU es útil para el estudio de la LEIA. Existen más datos sobre la LEIU, los mecanismos biológicos de ambas enfermedades son parecidas, y se emplean el mismo criterio y métodos de diagnóstico. Por estas razones, mucho de lo que se sabe sobre cómo evaluar y tratar la LEIA está basado en la información actual disponible sobre la LEIU.
Una de las dificultades con que se enfrentan los médicos y las personas que padecen la LEIU es la falta de datos clínicos. Muchos expertos creen que la infección perianal por el PVH y la LEIA son manifestaciones de la patogénesis del cáncer anal, pero no se han llevado a cabo grandes estudios clínicos prospectivos que proporcionen información sobre el curso natural del mal. Uno de los obstáculos mayores para estos estudios es el problema ético de negar o suspender el tratamiento en personas VIH positivas con la LEIA para poder obtener datos. Casi toda la investigación actual está enfocada en el estudio biológico de la infección por el PVH (por ej., cómo infecta el PVH los tejidos y cómo ocasiona cambios malignos), además del tratamiento de las verrugas anogenitales.
La incidencia del PVH anal y enfermedades relacionadas en las personas
VIH positivas
Históricamente, las incidencias de la LEIA y el cáncer anal
son menores entre la población general. En general, el cáncer
anal es más común en las mujeres que en los hombres, con excepción
de un subgrupo de hombres con antecedentes del sexo anal receptivo, entre
los cuales la incidencia del cáncer anal es comparable con la incidencia
del cáncer uterino en las mujeres antes de efectuar la evaluación
médica con la prueba Pap.
Se ha reportado un número mayor de casos de la LEIA y el cáncer anal durante los últimos 10 años en la tanto población general como en la población VIH positiva. En parte, se atribuye este incremento de casos a la incidencia creciente de la infección por el PVH transmitida sexualmente y a la epidemia del SIDA. También es posible que el incremento de casos reportados del PVH anal y de la LEIA sea producto de la mejora de métodos de diagnóstico para detectar la afección (las pruebas anales Pap y exámenes coloscópicos), la disponibilidad de más información, particularmente entre las personas VIH positivas, y quizás cambios en comportamientos sexuales (menor empleo de profilácticos durante el sexo anal/vaginal).
La incidencia del cáncer anal está aumentando entre los hombres VIH positivos con la enfermedad VIH sintomática. La infección anal por el PVH es muy común entre los hombres gay y bisexuales VIH positivos y negativos, donde casi el 100% de muestras anales obtenidas de hombres gay y/o bisexuales resulten PVH positivas a la prueba PCR. La LEIA es más común entre los hombres VIH positivos que los VIH negativos; es diagnosticada en casi un tercio de los hombres con la enfermedad VIH sintomática y puede avanzar rápidamente a un grado alto de severidad.
Datos procedentes de algunos estudios sugieren que la infección anal por el PVH es más común que la infección uterina entre las mujeres VIH positivas y negativas. Se han observado cambios anales citológicos con la misma frecuencia que cambios uterinos en las mujeres VIH positivas.
LEIA: Semejanzas con LEIU
El diagnóstico de toda forma de la neoplasia anogenital significa
que se ha detectado nuevo crecimiento (neoplasia) en el tejido normal (epitelio)
de los genitales o el ano. Si se producen cambios iniciales al nivel celular,
el nuevo crecimiento puede representar una afección precancerosa,
la LEI de alto grado. Puesto que la LEIU de alto grado es una afección
precusora del cáncer uterino, es probable que la LEIA de alto grado
sea precusora del cáncer anal.
Las semejanzas estructurales entre el útero y el ano ocasionan un proceso de desarrollo parecido para ambas afecciones. La LEIU y LEIA se desarrollan frecuentemente en áreas vulnerables de la vagina (cerca del útero) y en áreas anales conocidas como áreas de transición, donde una clase o tipo de tejido (epitelio escamoso) se convierte en otra clase o tipo (epitelio columnar). El epitelio escamoso cubre la superficie cutánea y mucosa de la boca, la garganta, el esófago, la parte baja de la vagina y el ano. El epitelio columnar cubre el tubo digestivo desde el estómago hasta el tubo anal, y la mayoría del útero. En la parte menor del útero llamada el cuello y dentro del tubo anal, ambos tejidos se unen. Aunque el PVH es capaz de infectar cualquier parte del epitelio escamoso, infecta con más frecuencia estas áreas vulnerables de transición y ocasiona lesiones. La mayoría de los casos del cáncer uterino o anal también se desarrollan en estas áreas.
La neoplasia ocurre cuando células infectadas por el PVH empiezan a reproducirse anormalmente. Cuando se han producido bastantes células anormales para ocasionar cambios en el tejido, el cambio puede ser detectado y "clasificado" por grado de severidad. El sistema Bethesda, empleado para determinar el grado de severidad de las enfermedades anales y uterinas, provee un método de clasificación de los cambios celulares.
Los cambios se clasifican como lesión(es) escamosa intraepitelial de bajo o alto grado. Un diagnóstico de LEI de bajo grado puede significar la detección de células anormales o atípicas que sugieren la infección por PVH, condiloma acuminata (verrugas genitales benignas) o la LEIA o LEIU leve (estado 1). El diagnóstico más grave de la LEI de alto grado significa la LEIA o LEIU de estado 2 ó 3 - LEIA o LEIU de moderado a severo, incluyendo cáncer. A medida que aumenta la severidad de la LEIU, también aumenta el riesgo de desarrollar el cáncer uterino; es probable que se pueda aplicar la misma conclusión a la LEIA.
La LEIA, como la LEIU, puede resultar leve y fácilmente tratada, moderada, o severa y difícil de tratar. En algunos casos, las lesiones asociadas con la LEIA desaparecen sin tratamiento; en otros casos, persisten y progresan en severidad. En último extremo, si las lesiones no son tratadas, pueden convertirse en el cáncer anal invasivo y potencialmente mortal. Como con la LEIU, la LEIA moderada o severa es más propensa a persistir o progresar, mientras que la LEIA leve es más propensa a resolverse sin intervención, condición posiblemente debido a una defensa inmunológica exitosa.
Factores y cofactores de riesgo para la neoplasia intraepitelial anal
Además de la infección por el PVH y el inmunocompromiso del
VIH, el antecedente del sexo anal receptivo es otro factor mayor de riesgo
para la LEIA en las personas VIH positivas. El estado de inmunocompromiso
también es un factor importante: las personas con un mayor riesgo
son aquellas con menos de 200 linfocitos CD4 por mm3. A medidad que la supresión
avanza, la neoplasia puede tornarse más severa y progresiva. Otros
factores de riesgo son el fumar cigarrillos y, para las mujeres, un antecedente
de la LEIU.
Algunos de los factores de riesgo para la LEIU pueden ser aplicados a la LEIA, como el nivel del riesgo de exposición al PVH, el cual incluye múltiples parejas sexuales y antecedentes de otras enfermedades venéreas. Los investigadores especulan que otros cofactores potenciales de la infección crónica por el PVH y la neoplasia asociada con el PVH incluyen deficiencias nutriticionales, como niveles reducidos de ciertos nutrientes (por ej., el betacaroteno y vitamina A) y/o del ácido fólico.
La infección por el PVH
La LEIA está asociada con la infección por el papilomavirus
humano (PVH), la cual puede manifestarse en forma de verrugas o puede ser
"invisible". De las más de 100 cepas identificadas del
PVH, se estima que un tercio es de origen venéreo. Estas cepas tienden
a infectar áreas corporales específicas. Por ejemplo, las
cepas 1 y 2 ocasionan verrugas en las manos y los pies, mientras que las
cepas 6,11,18 y 31 están asociadas con la neoplasia anogenital. Las
cepas que infectan el área anogenital y ocasionan la neoplasia son
adquiridas generalmente a través del contacto sexual con lesiones
externas o internas. La uretera, el semen y la vejiga pueden funcionar como
reservas virales.
Ciertas cepas del PVH también son más virulentas, o tienen más probabilidad de ocasionar enfermedad. En general, las cepas oncogénicas, o que ocasionan cáncer, no están asociadas con las verrugas genitales visibles y usualmente pueden ser detectadas sólo a través de la prueba Pap. Sin embargo, la evaluación de las verrugas genitales a través de las pruebas del DNA del PVH ha revelado la infección simultánea por cepas virulentas y benignas. Se asocian las cepas 16, 18 y 31 con mayor frecuencia con el cáncer uterino invasivo, y recientemente con el cáncer anal. Las cepas 6 y 11 frecuentemente están asociadas con la enfermedad genital benigna, las verrugas genitales visibles, condiloma acuminata, y algunas veces con la displasia de bajo grado. La prueba Hybrid Capture, desarrollada para comprobar la cepa PVH, está disponible comercialmente.
La infección por el PVH se caracteriza frecuentemente como una serie de alteraciones entre la enfermedad clínica, latente y subclínica. Se han observado curaciones espontáneas de las lesiones, asi como que reactivaciones (incremento de las lesiones como resultado de la infección previa), re-infecciones y estados crónicos (ninguna reducción o resolución de las lesiones).
Dependiendo del tamaño y área de la verruga genital, los tratamientos comunes incluyen el empleo de ácido tricoloracético, 20% de solución de podopilina, 5% de crema 5-flurouracila, electrocauterización (eliminación a través de corriente eléctrica), la crioterapia (congelamiento) y el tratamiento láser. Se ha empleado el interferón alfa para tratar las verrugas persistentes, y en algunos casos la cirugía es necesaria para eliminar grandes verrugas que no reaccionan a otros tratamientos.
Aunque las cepas del PVH que ocasionan las verrugas genitales visibles usualmente no son las mismas asociadas con el cáncer invasivo, el contacto sexual que transmitió las verrugas también puede transmitir la infección por cepas del PVH oncogénicas y virulentas. Por esta razón, las personas que padecen verrugas genitales deben recibir no sólo tratamiento de las verrugas, sino también exámenes para detectar el PVH anogenital y la displasia.
Evaluación y prevención
Hay guías para la evaluación y prevención de la LEIU
en las mujeres VIH positivas. Aunque las guías son controvertidas,
por lo menos proveen consejo médico. Aunque se reconoce que los riesgos
del LEIA y el cáncer anal están incrementando entre los hombres
gay y las mujeres VIH positivas, la advertencia oficial, de acuerdo con
el Servicio de Salud Pública de los EE. UU. (siglas en inglés:
U.S. PHS) es que no se ha definido bien "el papel que juega la evaluación
citológica anal [prueba Pap] y el tratamiento de la LEIA en la prevención
del cáncer anal." El U.S. PHS se ha negado a publicar recomendaciones
sobre la evaluación anal para detectar y tratar la LEIA.
Sin embargo, varios expertos e investigadores como el Doctor Joel Palefsky, quien ha estudiado una cohorte de 608 hombres gay en San Francisco, han acumulado datos importantes que proveen algunas sugerencias lógicas. De acuerdo con Palefsky, la determinación de grupos de personas en riesgo es difícil debido a la ausencia de análisis que comparen los gastos producidos por pruebas Pap anuales, colopscopias, tratamientos y evaluaciones médicas de mantenimiento. Una de las razones de por las que no se han implementado estos análisis es que los datos requeridos para iniciarlos no existen.
Palefsky sugiere que hay 3 grupos de personas VIH positivas que deben considerar la evaluación por Pap anual:
1. Todos los hombres VIH positivos, al margen de su número CD4
2. Las mujeres VIH positivas con menos de 500 linfocitos CD4 por mm3
3. Las mujeres VIH positivas que padecen la LEIU de alto grado
Estas personas, particularmente aquéllas con un antecedente del sexo anal receptivo, deben someterse a la prueba Pap cada año. La prueba Pap es económica y disponible en la mayoría de los países.
Metodología de evaluación
Actualmente, hay incertidumbre sobre la mejor forma de evaluar y tratar
la LEIA. La detección del mal y la evaluación del estado de
desarrollo patogénico pueden ser determinados por examen y algunas
veces por una biopsia de los tejidos afectados dentro y alrededor del ano
y el recto. El procedimiento consiste en una prueba Pap anal o examen por
coloscopia. El examen en sí es simple y relativamente fácil,
aunque para algunas personas resulta un poco incómodo, y puede ser
administrado por un médico regular durante una consulta. Tradicionalmente,
se obtienen las muestras celulares a través de la prueba o coloscopia,
y estas son examinadas bajo un microscopio. Hoy en día, una nueva
técnica facilita el proceso. El sistema Cytyc consiste en la imersión
de las muestras en un fluido especial y una máquina prepara las muestras
para el patologista. Las pruebas Pap que emplean esta técnica son
más uniformes y facilitan el diagnóstico.
La coloscopia consiste en la inserción de un instrumento en el ano o la vagina que permite el examen visual del tejido. Se aplica un fluido de vinagre directamente al tejido para hacer resaltar cualquier lesión o área sospechosa. En casi todos los casos, se llega a un diagnóstico de la LEIA a través del examen por coloscopia, la biopsia y el análisis de lesiones detectadas.
El tratamiento de la LEIA
No se ha establecido todavía el tratamiento óptimo para la
LEIA. No existen guías médicas oficiales, y por ahora, la
meta principal es de detener, si no curar, la progresión de la enfermedad,
y prevenir el desarrollo del cáncer anal. Las opciones de tratamiento
son pocas y simples. En general, sólo se trata la LEIA de alto grado.
Se puede controlar la LEIA de bajo grado a través de examénes regulares. En condiciones ideales, el sistema inmunológico es capaz de contener o erradicar cualquier anormalidad de bajo grado en los tejidos. Se ha llegado a está conclusión después de varios estudios sobre el curso natural de la LEIA, en los cuales se curaron espontáneamente lesiones de bajo grado; aquellas lesiones que progresaron fueron detectadas mucho antes de que se convirtieron en cáncer. Por lo general, la persona afectada debe ser evaluada cada 6 meses, con la administración de pruebas Pap y coloscopias si éstas son necesarias.
La LEIA de alto grado precisa de un tratamiento agresivo, que normalmente incluye la eliminación de las lesiones (ablación quirúrqica) a través de la cirugía tradicional, la excisión termal o electrocauterización con sigmoidoscopio (un tubo flexible que permite la examinación del colón sigmoideo). Se pueden emplear tratamientos de eliminación local (por ej., TCA, crioterapia) contra las lesiones internas. El médico debe confirmar más adelante la erradicación completa de las lesiones y evaluar al paciente regularmente. Aunque hay pocos datos sobre la incidencia de recurrencia, es probable que una persona que padece la LEIA tengra que someterese a múltiples tratamientos.
En general, el tratamiento permanece incierto porque no existe evidencia de que el tratamiento de la LEIA sea capaz de prevenir el cáncer anal.
Descubrimientos recientes sobre la infección anal por el PVH y
la neoplasia
A través de los estudios realizados en hombres y mujeres con el VIH,
los investigadores continúan descubriendo y reportando incidencias
elevadas de la infección por el PVH y la LEIA, en comparación
con hombres y mujeres sin el VIH.
Investigadores en Gran Bretaña evaluaron a 26 hombres gay VIH positivos, y anotaron la seroincidencia de la LEIA y su progresión por un período de 15 meses. También se evaluó la sensibilidad de los cultivos celulares de estos hombres. Cada 4 meses, se les administró a los hombres pruebas Pap anales y las muestras obtenidas fueron analizadas por prueba PCR. Al final del estudio, 22 hombres se sometieron a colopscopias y biopsias. Al inicio del estudio, 10 hombres (el 38,5%) fueron diagnosticados con la LEIA (9 de bajo grado y 1 de alto grado) y 16 (61,5%) resultaron normales. Durante el curso del estudio, 19, o el 73%, experimentaron cambios en su estado de salud: 16 progresaron a grado alto y 3 desarrollaron la LEIA de grado bajo.
No se encontraron asociaciones entre la LEIA de alto grado, un número menor de linfocitos CD4 (menos de 200 linfocitos por mm3) o factores de comportamiento. Sin embargo, el antecedente de las verrugas genitales fue significativamente asociado con la ausencia de la LEIA de alto grado. Todos los participantes de este estudio eran seropositivos al PVH; 25 de los 26 manifestaban por lo menos una cepa oncogénica (16,18,31 ó 33). Diecinueve de los 22 que se sometieron a biopsias fueron diagnosticados con la LEIA. Ninguno de aquéllos que resultaron negativos inicialmente a la prueba Pap manifestaron anormalidades en su biopsia. Los investigadores concluyeron que la LEIA progresa rápidamente en los hombres gay VIH positivos, y que la prueba Pap y la biopsia son sensitivos y útiles como instrumentos de diagnóstico.
Un estudio reciente de los CDC evaluó la seroincidencia de la infección anal por el PVH en las mujeres VIH positivas y la incidencia de anormalidades celulares anales. Los participantes incluyeron 102 mujeres VIH positivas y 96 controles VIH negativos. Todos los participantes recibieron pruebas Pap del útero y del ano. Se analizaron las muestras anales por DNA del PVH. Las mujeres VIH positivas resultaron más propensas a tener un antecedente o caso actual de las verrugas genitales (16% contra 3% de los controles) o un antecedente de la LEIU o el cáncer uterino (19% contra 1%).
Los resultados indicaron que el 27% de 99 muestras obtenidas de las mujeres VIH positivas manifestaron anormalidades celulares. De estas, 22 fueron clasificadas como atípicas citológicas leves (cambios celulares leves), mientras que 5 fueron clasificadas como LEIA de bajo grado. Sólo 6 muestras (el 6%) de las mujeres VIH negativas manifestaron anormalidades celulares; 5 fueron clasificadas como atípicas citológicas leves, y 1 como LEIA de bajo grado. No se diagnosticaron casos de la LEIA moderada o de alto grado o del cáncer anal.
Se descubrió una seroincidencia elevada de la infección anal por el PVH entre las mujeres VIH positivas - en el 29% de estas mujeres comparado con el 2% de las VIH negativas. La diferencia es estadísticamente significativa. Los investigadores no emplearon la colopscopia, la cual habría detectado más casos de la LEIA. Se asoció la infección anal por el PVH con algunos factores de riesgo asociados con la infección uterina - antecedente de prostitución, la LEIU, y el fumar cigarrillos - pero no con otros, como edad y número de parejas sexuales. El factor de riesgo más significativa tanto para la infección anal como para las anormalidades celulares fue la enfermedad VIH.
Un equipo de investigadores de Nueva York evaluaron mujeres VIH positivas y negativas para determinar la relación entre el VIH y la infección anogenital por el PVH. Las mujeres fueron evaluadas cada 6 meses por 1 año. Al inicio del estudio, el 16,6% de las VIH negativas y el 35.3% de las VIH positivas resultaron seropositivas por prueba PCR a cepas oncogénicas del PVH. Las mujeres VIH positivas manifestaron más tendencia de resultar seropositivas a la infección persistente o crónica. Entre las mujeres VIH positivas activas sexualmente, se asoció la infección por una cepa oncogénica del PVH con el sexo durante la menstruación, número bajo de linfocitos CD4, y el fumar.
Futuros tratamientos
De los pocos fármacos experimentales actualmente bajo estudio como
tratamientos contra la PVH, la mayoría son para tratar las verrugas
anogenitales. El único que se encuentra en las últimas etapas
de estudio es una formulación gel de cidofovir (Forvade), fabricado
por Gilead Sciences. (Cidofovir intravenoso es empleado como tratamiento
de la enfermedad por citomegalovirus, una enfermedad viral común
en las personas con el SIDA.) Se emplea el gel antiviral tópicamente
1 vez por día de 5 a 10 días. Datos preclínicos han
demostrado que cidofovir es activo contra el VPH. Los resultados de un estudio
fase I/II del gel tópico demostró que el 68% de 67 participantes
VIH positivos con casos de las verrugas genitales resistentes al tratamiento
estándar experimentaron reacciones completas o parciales (mayores
del 50%). El único efecto secundario observado es la irritación
cutánea transitoria (en el 52%), que incluye salpullido, picor, úlceras
y/o dolor.
Un estudio fase II/III actual sobre la eficacia del gel de cidofovir para las verrugas genitales ha inscrito 70 personas. Recientemente, Gilead presentó su solicitud al DA para la aprobación del gel con 1% de cidofovir para personas con el SIDA y el herpetovirus resistente a aciclovir. Desafortunadamente, el gel puede ser empleado sólo sobre las verrugas del PVH o lesiones en los genitales externos, ya que los investigadores sospechan que el fármaco ocasionaría irritación si se aplicara sobre la mucosa anal o vaginal. En planes futuros, se podría incluir la evaluación de otros fármacos antivirales como adefovir dipovoxila, un fármaco oral antiviral nucléotido con un amplio espectro de acción.
Otros nuevos tratamientos que se encuentran en diferentes etapas de desarrollo incluyen imiquimoda, una formulación inyectable de fluororacila 5, y tratamientos anti sentido. El Instituto Nacional del Cáncer tiene planes de implementar estudios para desarrollar una vacuna contra el PVH genital. Otras áreas potenciales de investigación incluyen la relación entre las determinaciones de la carga viral del PVH y el riesgo de desarrollar la LEIA y el cáncer anal, y la amplificación del empleo de las pruebas DNA del PVH para identificar, evaluar y tratar a quienes muestran cepas oncogénicas del PVH.
Conclusión
Los investigadores continúan obteniendo datos que mejoran nuestra
comprensión de la patogénesis del PVH y del cáncer
anal, además de cómo mejorar las estrategias preventivas y
de tratamiento.
Puesto que uno de los factores de riesgo para el cáncer relacionado con el PVH es la imunosupresión, y dado que se está alargando el tiempo de sobrevivencia de las personas con el VIH, la evaluación y el tratamiento temprano de los tejidos malignos se han convertido en prioridades. Hay datos que demuestran que el empleo amplio de la prueba Pap uterina ha resultado en una reducción significativa en la incidencia del cáncer del útero que afecta a mujeres en países en vías en desarrollo. Otros datos sugieren que la prueba Pap y los análisis celulares, juntos con la colopscopia y la biopsia, son eficaces en la detección de la LEIA. Es probable que la detección temprana y el tratamiento de la LEIA moderada a severa reduzcan el desarrollo del cáncer anal asociado con el PVH.
Las opciones de tratamiento de la LEIA son limitadas por ahora. No existen guías oficiales para la evaluación o tratamiento de la enfermedad anal. Mientras se está a la espera de estudios clínicos futuros y de la publicación de guías oficiales, es importante saber que la prueba Pap es disponible y eficaz. De acuerdo con lo que ya se conoce sobre la LEIU y el VIH, los médicos y las personas con el VIH (particularmente aquéllas con 1 o más factores de riesgo) deben considerar la evaluación anual para detectar la infección por el VPH y la LEIA.
Apéndice
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Leslie Hanna es editora asistente de BETA en inglés.
Revisado 19 Agosto 1997